jueves, 2 de marzo de 2017

Perseguir sueños locos y escuchar un corazón que siempre lleva la razón

Ahora mismo ando en el sofá con las piernas posadas sobre la mesa. En esa forma que las madres prohibían cuando eras pequeña y los médicos recomiendan cuando te haces mayor por el bien de tu circulación. Aquí, esperando a mi musa, la de escribir. Sí, sí, esa misma, la que nunca está cuando hace falta.

Viendo que no vendrá a visitarme en los próximos años, me he puesto a escribir sin pensarlo. Además, ya lo decía Pablo Picasso, “La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”. Pues eso, a ver si de repente se va a pasar y yo viendo Netflix...

Y hablando de sueños locos. Hoy quiero contar el mío. Ese que llegó de la manera más sencilla y se quedó para siempre. Todo porque hubo un día en el cual estaba cabreada y dibujé. Y el cabreo se hizo más pequeño. Después hubo un día en el que solo quería llorar y dibujé. Y las lágrimas cayeron sobre el papel y el grafito y las penas pasaron a ser parte del recuerdo. Y también hubo un día en que algo me hizo reír y lo dibujé. Entonces hice reír a unos pocos más.

Y ese es mi sueño. Expresar una emoción, comunicar un pensamiento o contar una historia con lápiz y papel de por medio. Llámalo dibujar, llámalo ilustrar o si prefieres, garabatear.

Y mi corazón me dice cada día “¡Inténtalo, loca!” y mi cabeza “¡Olvídalo! ¿Estás loca? Y yo cierro los ojos y no pienso, solo siento.  ¿Y qué siento? El latido de mi corazón.

No hay comentarios:

Publicar un comentario